Thursday, December 14, 2006

LOGRAMOS QUE EL PLAN LECTOR EXISTA

No sabemos cuántos libros tiene derecho a leer un niño, pero a partir del lunes 10 de abril de este año sabemos que en el Perú ningún niño deberá leer menos de un libro por mes, o, lo que es lo mismo, 12 libros al año (http://www.minedu.gob.pe/normatividad/directivas/DirNormasPlanLector.php)

La dación del Plan Lector Nacional por parte del Ministerio de Educación entrega un indicador claro y una herramienta concreta a la sociedad peruana para que la utilice con el objetivo de superar la condición de analfabetos funcionales que sufren 8 de cada 10 escolaresperuanos.

El Plan Lector fue promovido por el escritor Javier Arévalo, promotor de la campaña Leer es estar adelante del Banco Continental y que patrocinó la Biblioteca Nacional el pasado abril de este año.

Un analfabeto funcional está preparado solo para multiplicar su propia pobreza porque es una persona (un niño) que aprendió a leer en el colegio, pero que es incapaz de comprender y hablar de lo que lee, y menos aún capaz de generar nuevas ideas. Una persona así es, por supuesto, inelegible para el mercado laboral, o solo estará destinado realizar tareas elementales para sobrevivir.

Los entretelones de la dación de esta herramienta son muy especiales porque fue la iniciativa de un escritor y gestor cultural, el compromiso del director de una institución pública y el auspicio de un Banco, los que la generaron,

El 24 de abril de este año (2006) más de 70 escritores peruanos acudieron 70 colegios de Lima, a las 7 de la noche, para decirle a los casi 15 mil padres de familia que acudieron a escucharlos esa que el futuro de sus hijos dependía de que leyeran.

La acción buscaba un impacto mediático sobre una enfermedad social: el analfabetismo funcional de los peruanos.

El objetivo político tenía como propósito que el Estado incluyera en su Propuesta pedagógica para el desarrollo de capacidades comunicativas la única herramienta que hace posible que un ser humano desarrolle su capacidad de leer y que no estaba presente en esa estrategia: el libro.

Sinesio López promovió una reunión con el Viceministro de Educación Idel Vexler a quien Arévalo le expuso la extraña ausencia del libro y del plan lector en la propuesta pedagógica del Ministerio.

En cinco minutos, Vexler (director de un colegio donde existe y se desarrolla un Plan Lector y conoce, por supuesto, los resultados de una herramienta como esta) reunió a Arévalo con tres especialistas (Benito García Villalobos, Elvis Flores y Guillermo Molinari) y la norma fue redactada en dos días basada en las propuestas de Arévalo.

Eso fue en mayo de este año. La norma fue publicada en el Peruano el lunes que pasó. Ahora, es la sociedad peruana la que debe tomar la posta y organizarse para que cada niño ejerza su derecho a que cada mes un libro distinto pase por sus manos y su mente.

Wednesday, September 13, 2006

Bravo Por Giovanna: vigilante escritora del Plan Lector

Giovanna Pollarolo es la única escritora que ha opinado, hasta ahora, sobre el Plan Lector Nacional, y es la única que nos ha forzado, a quienes trabajamos en él, a hacer precisiones. No esperábamos menos de una escritora talentosa y lúcida como ella.
Giovanna, a quien pueden leer en http://www.peru21.com/impreso/html/2006-092D13/imp2ciudad0576530.html, reseña el caso de una señora a quien, los profesores del colegio donde estudia su hija, han estresado porque están conminando a los niños a que lean "160" palabras por minuto.
El tema de la velocidad lectora no es un asunto del Plan Lector, es más bien un indicador propuesto por el Banco Mundial y tiene una razón sencilla: las personas que saben leer, leen de una forma determinada, y a una velocidad determinada. Pero esto no es más que un indicador que, sin embargo, no nos asegura la comprensión de lo leído. La velocidad lectora, como la velocidad con que hablamos, es algo muy personal.
Pero el Plan Lector Nacional, repito, no establece ese indicador, solo determina uno: un título por mes leído por profesor y alumno.
Eso es todo y eso basta.
El Perú es el único páis latinoamericano que se ha propuesto una meta de lectura anual para su escolares y maestros.
Ya dije que el Plan Lector existe en los colegios particulares desde hace años (incluso en el colegio donde estudiaron los hijos de Giovanna, me lo dijo su hijo) y existe en los países más ricos del planeta (en Canadá, un niño es promovido a primer grado si su familia -padre, madre, tutor- le ha leído al menos 100 títulos en el último año: la cartilla de los títulos leídos la firma él o la profesora del nido que lleva un estricto control del asunto.
Idel Vexler respondió en estos términos a las observaciones recogidas por Pollarolo:
"El objetivo principal del Plan Lector es que los alumnos gocen, comprendan, analicen y valoren lo que leen. La velocidad de cuántas palabras lean por minuto no es un propósito del programa. Cada niño y adolescente debe leer fluidamente de acuerdo con sus ritmos personales", señaló Vexler. Y agregó: "Esperamos que los chicos lean en patios, ómnibus y paseos, y queremos ver a profesores y alumnos comentando lo que leen para fortalecer su formación integral" http://www.peru21.com/impreso/html/2006-09
Pueden leerlo en esta página, también de Perú 21.

Wednesday, August 16, 2006

Una apuesta (audaz) por la lectura

Por: Luis Jaime Cisneros.


Como una apuesta por el porvenir, el ministerio de Educación ha lanzado un llamado general a la lectura. Propone organizar un plan lector para las instituciones educativas. No es plan lector para estudiantes: es un plan para maestros y estudiantes. La convocada es, así, la comunidad educativa.
Si el entusiasmo no parte del maestro; si no hay en él asegurado interés por la lectura, de nada vale el propósito. El maestro no solamente debe enseñar a leer, sino que debe enseñar a amar la lectura. Estas líneas celebran el acierto de la idea. Y ofrecen una reflexión seguidamente. Cada vez que se conversa sobre el tema, se plantean títulos y autores. Ese ha sido durante largo tiempo viejo error escolar.
Despertar vocación por la lectura no exige preparar los ánimos para gustar de la lengua literaria. Lo primero que debe interesar al profesor es que el alumno comprenda lo que lee. Si no hay comprensión, no hay lectura. No es indispensable que memorice lo leído. Necesario es que lo comprenda. Si no lo comprende, no ha habido lectura efectiva y provechosa. En la etimología de la palabra está la idea de alimento provechoso.
Por eso no es aconsejable iniciarse en la lectura de textos literarios. Si se quiere prosa, pues fábulas, que refuerzan los valores. Si se quiere verso, pues ahí está el romancero que explica cómo viven en el recuerdo las costumbres, las batallas y los héroes. Es necesario que el estudiante vincule la lectura con lo frecuentado y vivido por él. Eso ayuda a que vincule lo leído con su historia.
Todo profesor se ha visto muchas veces invitado a proporcionar lecturas recomendables. Hay que recomendar revistas, que ofrecen noticias breves y variadas, y no convocan a reflexión. Los libros deben estimular la razón.
Por eso los libros iniciales sobre plantas o animales son más importantes que los célebres textos literarios. Yo recomendaría haikués, poemas japoneses muy breves, para entrenar el ejercicio imaginativo. Se trata, en el momento inicial de aficionar al libro, de invitar a que el alumno busque los textos y descubra cómo puede, si se empeña, recrear (y fortalecer) su imaginación. La imaginación es, en esos momentos inaugurales, más importante que la inteligencia y que la memoria.
En vez de esperar que el muchacho recuerde fragmentos de lo leído, importa que con el lenguaje nos explique y comente lo leído. Si logra explicarlo, con signos subrepticios de la emoción que le ha causado, podemos cantar victoria.
En las clases de lenguaje, la escuela debería enseñar a leer periódicos (la sección cultural; la internacional; la económica; la política). Debería también proponer la lectura de varias clases de revistas (deportivas, científicas, etc.). No debería rechazar la lectura de textos elementales de lógica y ciencias naturales, ni olvidar los textos de historia.
Con ello habrá obtenido un mejor manejo del sistema general del lenguaje y habría evitado que el estudiante crea (como suele erradamente creer) que los cursos de lenguaje deben centrarse en el lenguaje de los escritores. La escuela debe enfrentarlo a los usos generales. Y es que hay un hecho que no suele siempre tener presente. La lectura supone para el estudiante, en su primera hora escolar, un encuentro desusado con el lenguaje. Se trata del conocimiento de la lengua escrita.
Ese contraste no se genera del mismo modo en los estudiantes. Como supone una clara y dinámica confrontación con su lenguaje oral anterior (que era el lenguaje de la casa y del barrio), genera en el muchacho reacciones relacionadas con su entorno social anterior a la escuela. El lenguaje familiar había servido para entrar en contacto con el mundo: parientes, muebles, alimentos, juegos. El lenguaje oral lo había vinculado con situaciones idiomáticas precisas, muy distintas de las que la escuela ofrece.
Por eso conviene que el niño que se inicia en la lectura aprenda a escribir cartas a parientes y amigos, en las que narre lo que hace en el colegio. ¿Con qué objeto? Debe descubrir que las situaciones idiomáticas a que han estado acostumbrados se pueden reproducir para que las ‘vean’ (es decir, para que se las imaginen) sus corresponsales.
No es tarea fácil, lo aseguro. El lenguaje electrónico, el progreso de los medios televisivos, las varias formas generadas por la globalización han usurpado el campo lingüístico y suelen imponer breves modelos de eficacia real pero efímera. Conozco estudiantes que por haber visto la película, creen haber leído 'La ciudad y los perros'. No es fácil convencerlos de dos cosas: no han leído a Vargas Llosa y tampoco han podido apreciar debidamente el filme, puesto que desconocen el modelo original.
Propone el ministerio la lectura de doce textos al año. Podemos discrepar o no sobre la cantidad. Sí creemos necesario sugerir que esos textos deben ofrecer modelos diversos de lenguaje. El tiempo será el que nos ayude a una empresa tan singular. Lo que debo celebrar es el gesto audaz y novedoso. Yo recuerdo haber leído, bien muchachito, el libro 'Corazón', de Edmundo D'Amicis. No recuerdo haberme alegrado sino que me vi perseguido largo tiempo por algo que estaba entre la perplejidad y la desazón. Ya maduro, pensé que era un libro muy triste para que un muchacho pudiera regocijarse con su lectura.
Por eso hace bien el ministerio en dejar que las circunstancias y la vida escolar ilumine a los maestros para recomendar lectura adecuada a los muchachos.